Hola, namasté
Mi nombre es Catalina Paz Jarufe Peralta. Tengo un apellido bastante particular, de origen árabe, cuya historia compartiré más adelante. Nací y crecí en Santiago de Chile, un país que cada vez que he dejado me ha llamado a regresar. Sus paisajes, su fuerza natural y la riqueza espiritual que habita en esta tierra son difíciles de encontrar en otros lugares del mundo.
Soy profesora de yoga y una apasionada por acompañar procesos de transformación y conexión interior. Mi vocación está profundamente ligada a nutrir la vida del alma y a crear espacios donde las personas puedan reencontrarse consigo mismas.
Mi camino en el yoga comenzó cuando tenía 15 años. Inicié mi práctica en Espacio La Montaña, un lugar muy especial que considero parte fundamental de mi historia y de mi formación. Allí conocí el método Ashtanga Yoga, una práctica que cultivé con gran disciplina y dedicación durante varios años.
En 2016 decidí emprender una nueva aventura y me trasladé a vivir a Canadá. En un entorno completamente desconocido para mí, tuve la oportunidad de realizar mi primer Teacher Training de 200 horas en Downward Dog Yoga Centre de Toronto, una de las escuelas de yoga más reconocidas de Canadá desde 1997. Fue allí donde viví un encuentro profundo con la práctica y donde el yoga dejó de ser solamente una herramienta de bienestar físico para convertirse en un camino de autoconocimiento, filosofía, espiritualidad y transformación personal.
Con el tiempo, mi curiosidad y amor por el yoga me llevaron a explorar diferentes enfoques y tradiciones. Uno de los caminos que más marcó mi formación fue el método Iyengar, desarrollado por el gran maestro B.K.S. Iyengar, a quien admiro profundamente. Gracias a su legado, hoy contamos con una comprensión más accesible y precisa de la práctica mediante el uso de implementos, permitiendo que el yoga llegue a personas con distintas necesidades y condiciones físicas.
Durante varios años estudié en la Escuela Mukti Yoga en Chile, donde profundicé en este método. Fue una experiencia fascinante que me permitió comprender con mayor detalle la alineación, la conciencia corporal y la importancia de construir una práctica sólida, segura y respetuosa. Sin duda, esta formación enriqueció profundamente mi enseñanza y me ayudó a convertirme en una mejor profesora.
Más adelante, motivada por mi deseo de acompañar procesos de bienestar y sanación, realicé el Diplomado de Yoga Terapéutico con Yoga Orgánico en el año 2020. Esta experiencia amplió mi comprensión del cuerpo humano y fortaleció mi visión del yoga como una herramienta integral para recuperar equilibrio, salud y calidad de vida.
Mi camino también ha estado marcado por experiencias personales que transformaron profundamente mi manera de habitar el cuerpo. En 2019 realicé una formación como Activadora de Útero, un proceso que adquirió un significado aún más profundo tras vivir un embarazo tubario que culminó en la pérdida de un bebé. Aunque fue una experiencia dolorosa, también se convirtió en una oportunidad para reconocer la desconexión que existía con mi energía femenina, mis ciclos y mi capacidad de escucharme verdaderamente.
Ese proceso me llevó a iniciar un camino de reconexión con lo sagrado femenino, la intuición, la sensibilidad y el poder sanador que habita en cada mujer. Desde entonces, comprendo el yoga no solo como una práctica física, sino también como una vía para recordar quiénes somos, volver al cuerpo con amor y cultivar una relación más profunda con nosotros mismos.
Mi búsqueda siempre ha estado guiada por una dimensión espiritual. Creo profundamente que el yoga es mucho más que una práctica física: es un camino de presencia, consciencia y transformación. A través de la respiración, el movimiento y la conexión interior, he descubierto una forma de habitar la vida con mayor sensibilidad, equilibrio y amor.
Como profesora, acompaño a las personas a reconectar con su cuerpo, su respiración y su mundo interior. Mi intención es crear espacios seguros y amorosos donde cada alumno pueda escucharse, respetar sus propios procesos y descubrir que la verdadera práctica comienza cuando aprendemos a estar presentes con nosotros mismos.
En este recorrido también encontré Inside Flow, una disciplina que me enamoró por su capacidad de unir yoga, danza, respiración y música en una experiencia profundamente humana y emocional. A través de ella descubrí una nueva forma de expresión, donde el cuerpo puede contar historias, liberar emociones y conectar con la esencia de quienes somos.
Hoy, a mis 32 años, miro hacia atrás y veo casi dos décadas recorriendo este maravilloso camino. Continúo aprendiendo, estudiando y compartiendo desde el corazón, con la convicción de que el yoga tiene el poder de transformar vidas.
Mi deseo es seguir acompañando a otros en este viaje de regreso a sí mismos, recordando que la sanación, la fuerza, la sabiduría y el amor que buscamos ya habitan dentro de nosotros.
Para mí, el yoga es una práctica de amor. Es una forma de volver a casa y recordar quiénes somos realmente.
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Las palabras de quienes han compartido este camino son la mejor muestra del poder del yoga para crear bienestar y equilibrio.